Cientos de almas vagaron por Parque Chacabuco tratando de satisfacer esa necesidad de escuchar y vivir el rocanrol, en su estado puro y natural. Algunos se fueron rápidamente a sus casas, otros se quedaron en un acto medio poítico-medio sindicalista en donde también había recitales y actividades gratuitas, unos pocos se sentaron en la confitería del parque para ver el partido de River y el resto, como nosotros, pudo ver una demostración de la comunidad surkoreana, con peleas de sumo y otras artes marciales oriundas del país asiático.
Otra vez, el rock se quedó sin rumbo y un nuevo escenario vacío no pudo disfrutar de la fiesta que contagia dicho movimiento.
Diego